martes, 2 de agosto de 2011


¡MUERA EL CINE! (II)

armando vega-gil


Hace unas semanas, luego de más de 10 complejos años de reescritura, investigación, preparación y fondeo para levantar un proyecto que apostaba por una película de hechura meticulosa y un argumento atípico para el cine mexicano (una zambullida por el podrido mundo financiero y político que empujó en su beneficio el error de diciembre del 94), Efecto tequila era lanzada a los circuitos comerciales con la esperanza de recuperar una parte del esfuerzo y los dineros que la posibilitaron. Como cualquier peli, se esperaba la reacción del primer fin de semana del público para saber sobre su futuro... Pero la noche del viernes de su estreno, los exhibidores habían decidido sacar de cartelera 40 de las 50 copias con las que había salido al mundo su director León Serment. El argumento era que, simplemente, no les había gustado. Efecto tequila no tuvo el beneficio de la duda. Una película incómoda. Incómoda políticamente hablando, pero también en términos espaciales: Cars, Piratas del Caribe y Kun Fu Panda debían (debían) ocupar 4 mil 471 pantallas de las 4 mil 800 que hay en al país. Pero, ¿50 copias contra miles? ¡No chinguen, señores exhibidores!


La frustración a la que se enfrentan los productores y directores mexicanos es monstruosa: tres, cinco, diez años de trabajo intenso se evapora en un pinche fin de semana. Naco es chido, de Sergio Arau, luego de tortuosas negociaciones, fue estrenada, sorpresivamente, sin pedir la opinión de Arau, el día de la inauguración del mundial de futbol, cuando México jugaba contra Sudáfrica. ¡Fracaso garantizado!


El cine mexicano emergente, sea como sea, guste o no, es un reflejo fiel de la sociedad, y al mismo tiempo una herramienta transformadora. El cine sí, es un negocio, pero también es un suceso cultural. Pero el cine mexicano estorba a los exhibidores. Los directores están intentando juntarse, pero ante la expectativa guajira de que los cines comerciales los pudieran tratar bien, se disgregan. ¿Deberían hacer un boicot contra las cadenas monopólicas y no pasar con ellos sus pelis? Es suicida, pero de cualquier modo, todas sus obras están condenadas al fracaso económico. En sentido encontrado, las masas empobrecidas deben tener acceso a salas comunitarias chingonas, tienen derecho a saber qué es lo que piensan y opinan nuestros creadores sobre la realidad mexicana en el ritual colectivo cinematográfico.


Pero los dueños de los cines y las productoras trasnacionales no lo permiten, o simplemente, maquiavelismos a parte, les vale un pepinillo.


Así, el presidente de la Motion Picture Association, en una discusión frontal sobre el tema, le dijo con petulancia capitalista a Simón Bross que, si quería cine barato para todos, mejor se fuera a vivir a un país comunista. Simón, con elegancia, le contestó que por qué mejor él no se iba a vivir a un país donde el boleto de cine cuesta 60 pesos... y donde el salario mínimo es de eso: 60 pesos. Simón está explorando una alternativa autosustentable para la exhibición alternativa de cine y ha fundado en el país —en zonas depauperizadas y abandonadas por la balanza de ganancias— 70 salas de cines populares. Los boletos cuestan un promedio de 22 pesos incluidas sus salas 3D, los viernes los niños entran gratis con palomitas y jugos de regalo. Allí no hay comida chatarra. Los viernes en la noche se alfabetiza a adultos. Se llaman Cinemagic y apuestan por nuevas formas de relación arte-entretenimiento-comunidad. No es demagogia ni populismo. En la Reunión de Nuevas Empresas de Sudáfrica, sólo dos proyectos mexicanos fueron sujetos de financiamiento: uno, Cinemagic. Hay cien millones de mexicanos que no tienen acceso a las salas cinematográficas. El siguiente paso es fundar una cadena de segundas corridas, salas para proyectar pelis desplazadas por los grandes exhibidores a precios bajísimos con permanencia voluntaria y programas dobles, como cuando éramos niños. El plan existe, se llama Cine Luxus. En el Centro Histórico, La Casa del Cine muestra cine de vanguardia contemporáneo a 20 pesos para los trabajadores y vecinos de Uruguay 52. La Sociedad del Cine de Tlatelolco, la Cineteca Nacional. Los nuevos directores de cine, desde que filman, piensan ya en cómo, en qué soportes informáticos y dónde se podrán exhibir sus pelis: el cine en México debe morir para resucitar, si no, morirá irremediablemente.

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