jueves, 2 de junio de 2011

Ensayos de cine/El milagro del Papa.




EL MILAGRO DEL PAPA

armando vega-gil


Un milagro no es la suspensión en sí de las leyes físicas del universo (las «fuerzas naturales», diría el arzobispo) para la consecución de un suceso inexplicable en el mundo de lo necesariamente explicable. Un milagro no es la intervención de Dios, Jesús Cristo (que es uno de los avatares Tres-En-Uno de Él, como aceite para máquinas de coser), de sus apuestos apóstoles o su muy sufrido ejército de elegidos (¡santo, santo mío!) para que ese evento sobrehumano, supranatural, se revele en su propia realización ante los ojos de la humanidad incrédula (o en su defecto los ojos inquisitorios de los ministros autorizados por las asfixiantes instituciones eclesiásticas: los abogados de Dios y los abogados del Diablo).


El milagro tampoco son el proceso o las energías místicas que desencadenan el hecho, sino que el milagro es La Evidencia Irrefutable, es el objeto tangible, real en el que los caprichosos designios de lo divino (caprichosos porque no a todos se les hace el milagrito, por más que lloren, se hinquen, se martiricen o sean capaces de matar a su hijo, como aquel fanático Abraham que a nada estuvo de degollar a su hijito Isaac para demostrar su amor a Dios) se manifiestan en un suceso de excepción. El milagro no es la cura de la parálisis de una niña ni el que se haya aparecido la Virgen María para hacer que sus piernas enjutas y torcidas de pronto alcanzaran el estatuto de «normal» sin siquiera la intervención del aprendizaje motriz medio (una chica que ni siquiera ha gateado de pronto se levanta de su silla de ruedas y camina sin saber bien a bien qué es caminar, ni lo que es el equilibrio, ni nada, ¡milagro, milagro!), el milagro es la niña que en su propio edificio concreto ha sanado y que se vuelve un sujeto de veneración. Así, el milagro viviente es, por rebote, un alma designada para llevar la palabra de Dios, para hacer que los necios y los descreídos no tengamos más remedio que postrarnos ante la niña que, de un momento a otro dejará de serlo.


Esto lo saben (¿en serio?) los investigadores del Vaticano que han de probar sin refutación alguna que la niña caminadora es una prueba. Sí se demuestra que ella es un milagro con patas (vaya eufemismo), el provocador del milagro sin duda llegará a ser un santo.


En la canonización fast track que Roma hizo del célebre Papa encubridor de sodomitas pederastas, los milagros fueron conocidos, reconocidos y tazados por los rigurosos parámetros milagrimétricos católicos que, por desgracia, dejaron fuera al milagro vivo nacional contemporáneo (¡qué Juan Diego rubio ni que ocho cuartos!) que deambula en un pueblo agonizante de Zacatecas, Río Grande, y que, en lugar de dedicarse a la vida casta de las plegarias, a los actos devotos y a la generación de nuevos milagros, es un choricero (hace y vende metros y más metros colorados del mejor chorizo que usted haya probado) que se empeda con chelas bien elodias, que no va a la iglesia y que, en la perspectiva de usos y costumbres del racho, se robo a su novia, no en un caballo bayo sino en una motoneta pedorra.


Se afirma que Herón Badillo, el milagro vivo de Río Grande, fue tocado por Juan Pablo II en una de sus visitas provincianas, y que, a raíz de este llegue sospechosista, se curó de una leucemia incurable que lo tenía en los huesos y que lo habría de matar un unas semanas más. No se vaya a creer que fue la quimio lo que lo salvo, ¡fue el tacto del Papa Santo! Para los investigadores este no fue un milagro, sino un hecho maravilloso, pero no importa, como a nadie le importa el propio Herón real, humano y divertido del que todos han arrancado una raja para su molino (incluido el padre de Herón que ganó la presidencia municipal al lado de Amalia gracias al milagro). Así, contrario a lo que se esperaría, el niño milagro es una negación de sí mismo en la edad adulta, porque los milagros no son los hechos mágicos, sino los individuos reales que no saben de dioses sanguinarios y papas criminales.

El milagro del Papa (México, 2010). Dir. Jose Luis Valle. Comedia documental.

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